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Fotos antiguas: Madrid y su cambio de armario

Sales de casa de camino al trabajo y te das cuenta que salir en manga corta ha sido un error. Quizás el fin de semana, si tienes un par de ratos libres, será conveniente hacer, por enésima vez, el cambio de armario. Rescatar del altillo los jerseys y demás prendas que te protejan en los próximos meses del aire serrano que amenaza con bañar Madrid.

No querías admitirlo pero sí, toca afrontar la realidad, el verano ya es historia y comienza la temporada de frescos despertares. Esos días grises en los que uno encuentra un tímido alivio al introducir las manos en los bolsillos mientras avanza con paso firme pero que queréis que os diga ¡Cómo me gustan esos paseos por Madrid!

Jornadas de tímidas lluvias, cielos espesos y largos abrigos. Un escaparate urbano que no tardará mucho en llegar y que Manuel Urech, uno de los mejores fotógrafos que jamás conoció Madrid, ya retrató así de bien en 1948. En la Puerta del Sol, junto a la boca del metro, dos amigas parecen dilatar su despedida aprovechando el frágil refugio que les brinda el paraguas. A su vera, un hombre duda, como si estuviese calculando que ruta tomar hasta su destino, tratando de pasar el mínimo tiempo posible al descubierto. Una foto con ligeros matices melancólicos cuya escala de grises casa a la perfección con la atmósfera inmortalizada.

Octubre amenaza, el otoño ya es una realidad. Madrid y nosotros volveremos a mudar, de piel y de cielos. Aun así mantendremos intactos nuestros sueños y las ganas por seguir explorando esta ciudad, bajo el cielo del color que sea.

Puerta del Sol, 1948. Madrid

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Fotos antiguas de Madrid: La Puerta del Sol hacia 1900

Estamos ante una de esas escenas que apabullan por los incontables detalles en los que uno desea posarse, con el conocimiento y calma que nos brinda la distancia del tiempo. Que la Puerta del Sol siempre tuvo alma de zoco es algo sabido por muchos, por su constante clamor, por las transacciones que se cierran en sus noches y sus días, por el vaivén de personas anónimas que fluye ante nuestros ojos en cuanto cesa el avance de nuestros pies.

El Madrid de comienzos del siglo XX era un choque de trenes entre dos realidades antagónicas, en una dirección la pomposa capital que quería estar a la altura de otras urbes europeas como Londres o París, y en la opuesta, la ciudad de almas y pantalones remendados con cientos de familias que apuraban su existencia en poblados como Las Injurias. Y si en algún de la ciudad esos trenes colisionaban, ése siempre fue la Puerta del Sol. Espacio donde todo y todo siempre tuvieron cabida.

Para comprobarlo, nos detenemos gracias a esta fotografía del Fondo Azpiazu ante este puesto ambulante cuyos remedios parecían, al menos, llamar la atención de no pocas semanas. En un segundo plano, ajeno a aquellos tejemanejes, un mundo de carruajes y tranvías de tracción animal que traqueteaban sobre, los ya desgastados, adoquines de la plaza más famosa de Madrid.

Detrás, en un horizonte desgastado por el tiempo, nos sorprende una pequeña torre situada en lo alto de las todavía presentes Casas de Cordero. Si afinamos la vista, aún podemos distinguir el tendido que desde ella se disparaba sobre los tejados de Madrid. Y es que estamos antes la que fuese la primera central telefónica comercial de Madrid, estuvo allí desde 1887 hasta 1926. ¿Cuántas conversaciones, confesiones y secretos saldrían a través de ellos? ¿De qué hablarían aquellos madrileños del 1900?

Parece claro que estamos ante una imagen imprevista y, sobre todo, natural. Un fogonazo de vida de aquel Madrid al que, me temo, todos volveríamos encantados. Al menos, unas horas.

Puesto ambulante en la puerta del Sol de Madrid en 1900

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