Fotos antiguas de Madrid: La Gran Vía (1954, Horacio Novais)

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Unas semanas, sin nombre ni mes, el fotógrafo portugués Horacio Novais se dejó caer por Madrid ¿o Madrid se dejó caer en él? El caso es que el retratista gráfico luso estuvo unos cuántos días por la capital, en 1954, y nos dejó para el recuerdo un sinfín de estupendas capturas.

Por lo que he podido deducir de las fotos que circulan por internet, Novais se debió quedar prendado del centro de Madrid y del magnetismo que desprendía aquella Gran Vía que se vestía con elegantes gabardinas y que salpicaba sus días entre humeantes cafés y relucientes coches. El portugués paseó e inmortalizó a partes iguales una Madrid que no decía una palabra más alta que la otra, que mantenía siempre las formas y guardaba las apariencias.

Si de normal, cuando vemos fotografías antiguas, nos da la sensación de lo elegante que eran aquellos madrileños y aquella ciudad, Novais tenía un don especial para retratarla con un brillo especial, a pesar de la ausencia de color. Es el caso del momento en el que nos fijamos en esta ocasión. Una fotografía tomada desde una de las perpendiculares de Gran Vía, yo apostaría que desde Gonzalo Jiménez de Quesada. Una de las tantas callejuelas a las que la Gran Vía robó su identidad y cuyo verdadero nombre muy pocos saben decir ya que siempre nos referimos a ellas por los comercios o tiendas que las orillas.

Suelen ser estas callejuelas, vías de, digámoslo así, no excesiva buena reputación y eso que su currículum en la mayoría de los casos han mejorado de forma notable con el paso de los años. Sin embargo, en aquel 1954 estas eran bonitos lugares en los que asomarse hasta sentir de bruces el frenesí de la Gran Vía, con un vaivén incesante de personas que, de manera irreverente nos sostienen la mirada. Como queriendo mantenernos alejados de una escena, tranquila y pomposa, que quieren disfrutar para ellos mismos.