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‘El jardín de Diana’, cócteles y picoteo en la cima de Gran Vía

Una enorme escultura dorada de Diana Cazadora en el número 31 de la Gran Vía nos indica la localización de una de las terrazas más fastuosas del centro de la capital. Y es que la diosa romana de la cacería ha sido elegida para presidir uno de los dos torreones que coronan la última planta del Hotel Hyatt Gran Vía, ahora convertida en una terraza-jardín para disfrutar de las noches de verano en lo más alto de la Gran Vía. Un espacio que, si bien nos gusta por sus vistas, nos acaba de conquistar por su mood elegante y romántico en el que el color blanco, las mesas de mármol y la vegetación lo invaden todo.

Desde el propio nombre de la terraza hasta la forma de designar los cócteles dentro de la carta, aquí todo nos abre las puertas al reino de los dioses. Como si de su templo se tratase, la primera que nos recibe es Diana, que aparece representada rodeada de una jauría de cinco perros y porta un arco que dispara directamente al ave fénix que está atacando a su enamorado Endimión. Esta escultura del amante prohibido está situada en la parte más alta del edificio de enfrente (el 68 de Gran Vía), creando un diálogo entre estos dos personajes ubicados a ambos lados de la Gran Vía. Y así, con esta trama de amor y pasión, se labra una carta de cócteles y picoteo que no deja indiferente al visitante.

EL JARDÍN DE DIANA azotea en la la última planta del Hotel Hyatt Gran Vía

TRAGOS Y BOCADOS DEL OLIMPO

Se ocupa da la oferta gastro y mixológica de El Jardín de Diana, Hielo y Carbón, el restaurante ubicado en la primera planta de Hyatt Center Gran Vía. Aunque para este espacio han ideado una carta mucho más sencilla y ligera, especialmente pensada para los meses de verano. Según nos comentan desde el hotel, se trata de un picoteo informal perfecto para acompañar a su selecta carta de cócteles de autor. Así, por ejemplo, podríamos abrir boca con uno de sus cócteles de autor, el Diana Jerezana, un combinado de Amontillado Viña AB, licor de maraschino, Pedro Ximénez, piña y naranja, que resulta súper ligero y refrescante. O con el Gran Vía Thai, preparado con ron, Cointreau, Seedlip Grove (destilado de cítricos sin alcohol), zumo de piña, sirope de almendras y zumo de lima; una fórmula con un resultado algo más dulce en el paladar pero igual de recomendable.

EL JARDÍN DE DIANA azotea en la la última planta del Hotel Hyatt Gran Vía

Aunque el best seller de El Jardín de Diana es el Mexican Mojito, una original mezcla de tequila reposado, pitaya (conocida como ‘fruta del dragón’ y que otorga ese característico color rosa al cóctel), lima, sirope de ágave, menta y soda. Después de leer la lista de ingredientes, pensarás que tendrá un sabor no apto para todos los paladares pero te prometemos que probarlo es uno de los must de esta terraza. No obstante, hay tres variedades más de mojitos (Caribbean, Russian y Mediterranean), uno de los combinados estrellas del verano, aunque ninguno de ellos corresponde a la fórmula original, resultan igual de efectivos contra las altas temperaturas.

Por otro lado, si se trata de dar inicio a la degustación de su carta, es recomendable probar sus Croquetas artesanas de cecina de León o, para los paladares más viajeros, sus Arepas de gambón y camarones con mayonesa de chipotle. En esta línea, hay más bocados internacionales como el Bao de rabo de toro, el Ssam de pollo a la brasa o las Mini burgers con tres quesos diferentes que nos permitirán hacer una pequeña cena informal a medida, llena de sabores del mundo.

EL JARDÍN DE DIANA azotea en la la última planta del Hotel Hyatt Gran Vía

Si pasamos a la parte dulce, aquí también encontramos algunas paradas obligatorias. Por ejemplo, si eres un auténtico chocolate lover, imprescindible su Bizcocho de chocolate con con crema de chocolate blanco y Oreo, ¡brutal! Aunque no desmerece su Tarta de queso con crumble crujiente y frutos rojos, la opción que siempre pone a todos de acuerdo.

A estos bocados y tragos propios del Olimpo, se unen las sesiones musicales que tienen lugar los jueves, viernes y sábados y que van variando de estilo para ofrecer al visitante una experiencia redonda.

LO MÁS RECOMENDABLE es, sin duda, sus cuatro tipos de mojitos. Todos originales y muy resultones, nada que ver con lo que hasta ahora conocíamos como tal.

FÍJATE EN… Al final de las escaleras de caracol que nos elevan a la última planta del edificio podemos ver una viga metálica con un orificio. Se trata de una reliquia de la Guerra Civil Española, ya que se vio afectada por un proyectil lanzado desde Casa de Campo al edificio de la Cadena SER y cuya trayectoria se desvió hacia el que hoy es el Hyatt Centric.

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‘Ciriaco Brown’, la coctelería que necesitaba Lavapiés

Difícil encontrar en el popular Lavapiés un rincón tranquilo en el que sencillamente dejarse llevar por una conversación interesante hasta las mil, sin tener que entregarse al baile y al bullicio. La cosa se pone aún más complicada si le pedimos a ese lugar que, además, nos sirvan copas y cócteles de primera. Pero de repente llega Ciriaco Brown y lo desmonta todo. Porque esta licorería castiza -así se autodenomina- viene a acoger a quienes estiran la velada pero a base de bien beber y, por supuesto, bien estar.

Goyo Solórzano tiene sobrada experiencia como profesional de la noche madrileña y cuando encontró este local en la calle Abades vio claras sus posibilidades. Convenció a su mejor amigo, Daniel Mangano y a su mujer, Marta Péllach y los tres echaron el resto en un local que engancha desde la primera visita. Ni un solo elemento decorativo -que se distribuyen sin miramientos pero dando donde más gusta- está dispuesto al azar. Tampoco lo está su nombre porque, tal y como nos cuenta Goyo, Ciriaco Brown jugaba a la realidad y la ficción allá por los años 40. Medio castizo, medio inglés; medio elegantón, medio canallita, y con un carácter guasón que gobierna la que ya es la licorería de moda en el barrio.

CIRIACO BROWN Moscow Mule con vodka, zumo de lima, sirope de azúcar

Como no podía ser de otra forma, Ciriaco, sus familiares, amigos y novias forman parte de la identidad del establecimiento. Sus fotos generan un interesante árbol genealógico que da mucho rollo a las paredes que se visten de tapices, retratos y telas estampadas. Nada, absolutamente nada de la estética de este local está de nuevas: todo tiene una segunda vida y absolutamente todo viene a contarnos otra historia. Como nos explica su artífice, la mayoría ha sido rescatado del Rastro y el interiorista Alfonso de la Fuente, ha sido el encargado de poner bonito el salón de la casa de Ciriaco, que ahora sentimos también como nuestro. Este salón, además, se divide dos espacios: el primero, el que nos encontramos nada más entrar y que tiene a la barra como gran protagonistas; y un segundo, al que se accede por unos escalones, al que han denominado Gunilla. Este segundo salón toma su nombre del personaje de la jet set marbellí en los años 80 y 90, a la que podemos encontrar entre las numerosas fotografías que decoran sus paredes; finalmente, la luz rosada que ambienta este espacio termina por otorgarle un ambiente algo más reservado y, por qué no decirlo, ciertamente picantón.

BEBER Y CHARLAR A TODO CONFORT

Gente que quiere beber y charlar, ése es el espíritu que quiere recuperar la licorería castiza de Lavapiés. ‘Recuperar el codo en barra y la conversación’, nos dicen desde el local. Porque el barrio adolecía de un espacio en el que estirar hasta las cinco de la madrugada simplemente hablando y tomando buenos cócteles. En esta coctelería todo acompaña y es que, tal y como nos cuenta Goyo, la música suena para apoyar las palabras. Una serie de temas conocidos por todos, ritmos elegantes y grandes voces que, sin embargo, pretenden ser el segundo plano de una conversación interesante.

CIRIACO BROWN Mai Tai con ron blanco, ron dorado, Cointreau, sirope de almendra y de violeta, zumo de lima y zumo de piña

Este espacio comenzó siendo un local de copas -a un precio muy apetecible para la zona, por cierto- y no aspiraba a convertirse en un referente mixológico en el barrio pero con el mimo que le ponen a todo, también han conseguido que opciones como su Pisco Sour sea absoluto best seller del local. Lo hacen con una receta algo secreta y de la que desvelan que, aparte del licor peruano, lleva zumo de lima, clara de huevo y sirope de orquídea. Tampoco se queda atrás entre los más pedidos el Mai Tai preparado con ron blanco, ron dorado, Cointreau, sirope de almendra, sirope de violeta, zumo de lima y zumo de piña y a su lado, el Moscow Mule con vodka, zumo de lima, sirope de azúcar, top de ginger beer y jengibre majado. En la licorería también disponen de cócteles de autor que se sustentan en las historias del protagonista del local y todos sus allegados. Teniendo en cuenta su amplio horario de apertura, aquí también se puede venir a tomar una caña al salir del trabajo o, por supuesto, un digestivo después de cenar. Hay cabida para todos.

Y este local que lo peta en Lavapiés se guarda una última sorpresa. Porque los domingos tiene un fiestón gay friendly y de rollo más bailongo que el original. Se trata de una fiesta privada a la que solo se puede acceder con invitación, así que no te desvelamos más de este divertido misterio que Ciriaco y los suyos se traen entre manos.

Y es que viendo cómo se las gasta Ciriaco Brown en su casa, a ver quién renuncia a vivir y beber a todo confort como hacía él en los años 40… ¡Nosotros no!

EL IMPRESCINDIBLE es su Moscow Mule por el toque inconfundible del jengibre, aunque su Pisco es hasta hoy el principal reclamo para muchos.

FÍJATE EN… Es imposible elegir un solo rincón al que mirar pero quizás uno de los más especiales es el rincón dedicado a las fotografías y los montajes y que es obra de los chicos de Yomuto, un estudio de diseño que se encarga de darle una segunda vida a algunas piezas de arte.

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‘Taller Margarita’, cócteles y tacos en el Barrio de las Letras

Si hay un emblema que la gastronomía mexicana que ha sido capaz de exportar con éxito al resto del mundo, éso son los tacos y las margaritas.; y es que la combinación de ambos es siempre ganadora. Así lo han visto (con mucho acierto) los chicos de Taller Margarita, una coctelería con taquería/foodtruck y buena música, ubicada en pleno Barrio de las Letras, concretamente en la calle Manuel Fernández y González.

El barrio de las Letras necesitaba esto: un local en el que organizar tus copas con amigos y darlo absolutamente todo desde el miércoles hasta el domingo. Taller Margarita, muy cerca de la Plaza de Santa Ana, is the place. En un espacio diáfano y de aspecto industrial encontramos toda una fiesta para los sentidos. Una barra en la que se preparan cócteles -especialmente margaritas- nos recibe y se extiende prácticamente a lo largo de todo el local y termina en el foodtruck ya citado que, como si de un puesto de comida callejera del D.F se tratase, sirve órdenes de tacos, nachos y quesadillas a un ritmo frenético. Para una comida informal pero rica como ésta, tenemos dos alternativas: o tomárnosla acodados a lo largo de la barra mientras degustamos, además, un buen margarita; o, si lo preferimos, sentarnos en alguna de las mesas bajas que se disponen al fondo del local cuyo aspecto -no lo hemos mencionado aún- quiere asemejarse al de un taller, como no podía ser de otra forma.

TALLER MARGARITA mezcales, margaritas y tacos en el Barrio de las Letras

Al final del local, justo al lado de la zona de mesas y de uno de los neones más especiales que puedes encontrar en la ciudad -te hablaremos de él más adelante-, encontramos un camión de rollo setentero convertido ahora en cabina de dj que pincha electrónica, house y soulful. Lleva el nombre de Habanero escrito es su parte frontal, una denominación que hace referencia a esta variedad de pimiento mexicano que se caracteriza por ser uno de los más potentes y picantes que se pueden encontrar en el mundo. A partir de ahí nos podemos imaginar que todo lo que sale de aquí es una auténtica explosión de sensaciones.

BRINDIS CON ACENTO MEX

A una decoración muy mexicana -murales de catrinas y guirnaldas de papel picado entre otros detalles- hay que sumar, además, una carta que mira de frente y sin vueltas al país latinoamericano. Nos damos cuenta de ello al observar que todos los cócteles que están dentro de su carta se hacen a partir de tequila o mezcal, dos de los referentes mexicanos cuando hablamos de destilados. Así, y haciendo honor a su nombre, cuenta con nueve tipos de Margaritas, que van desde el clásico hasta otros elaborados con frutas como la fresa, por ejemplo.

TALLER MARGARITA mezcales, margaritas y tacos en el Barrio de las Letras

También elaborado con tequila, en este local de moda no faltan las Palomas, cócteles de tequila acompañados de zumo de pomelo rosa, un combinado muy habitual en el país. Dentro de su selección de bebidas también existen unos cuantos hechos con mezcal, destilado que también procede del ágave pero que tiene un sabor muy diferente al del tequila. Destaca el Mezcal Mule, que llega a la mesa con una curiosa preparación: el vaso va montado en un burro y el sabor a mezcal es inconfundible. Dejando a un lado los destilados, la variedad de cervezas es grande y con ellas preparan micheladas, el famoso mix made in mex de cerveza con jugos, salsas y especias.

En lo que a comida se refiere, los tacos centran prácticamente toda su oferta gastro, con una variedad propia del país azteca. Tacos al Pastor, Cochinita pibil, Tinga de pollo, Oreja o Pollo barbacoa picantón, por ejemplo. Todos ellos se sirven de forma individual o en órdenes de cuatro y, por supuesto, se preparan en el momento sobre unas tortillas de maíz bien apetecibles. Tampoco faltan en este foodtruck las Quesadillas, las sincronizadas o los Nachos, que salen en cantidad abundantísima y con bien de guacamole y crema agria, algo a lo que es imposible decir que no. Y es que en este taller se arreglan las noches a base de sabrosos platillos y tragos bien chidos.

EL IMPRESCINDIBLE es que pruebes alguno de sus tacos (el de Cochinita pibil está espectacular) y los acompañes de una ración de Nachos con queso y jalapeños. Y de un Margarita, por supuesto.

FÍJATE EN… las luces de neón que decoran el espacio y en las que se pueden leer frases ya míticas como ‘Si saben cómo me pongo pa’ qué me invitan’. ¿Vas a aguantar las ganas de sacarte la foto aquí?

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‘Sígueme Sígueme’ y ‘La Santoría’, doble sorpresa en el Barrio de las Letras

Hubo un tiempo en el que el Barrio de las Letras nos ofrecía un buen número de locales bien castizos y auténticos. Ahora, aún brillando éstos con fuerza, llegan al barrio nuevos vecinos que llaman a la revolución sin complejos y sin normas. Es el rollito que se gastan los chicos de Sígueme Sígueme, un pequeño bar especializado en cava y quesos en la calle Lope de Vega. Ellos son, además, los responsables de La Santoría, la segunda parte (literalmente les separa una cortina) de este mismo local de Huertas que es coctelería y sanador de almas, todo en uno. Pero, tranquilidad, vamos paso a paso.

Cuando uno entra en el cava bar Sígueme Sígueme, se encuentra con un pequeño cuadrado de paredes blancas -con algunas  firmas y dedicatorias de sus clientes, eso sí- en el que se sirven cavas, vinos y quesos. Sin duda, una premisa bastante apetecible de lo que encontraremos aquí. Los vinos son todos naturales y de procedencia española, tal y como nos explican Bernardo Bongiovanni y Mariano Amor, responsables de este ecléctico local, al que dan vidilla con una sonrisa y una charla animada que invita a volverse un fijo de este rincón. Mientras charlamos con ellos, probamos una de las tablas de quesos españoles que varían prácticamente cada semana y picamos también unos tomates encurtidos, una rara avis que sabe a gloria. Combinar este picoteo con una bebida aquí es fácil: el vino naranja (con un aroma y un sabor muy sorprendentes) es una de las alternativas más curiosas que nos proponen Bernardo y Mariano.

SIGUEME SIGUEME tabla de quesos españoles y tomates encurtidos y cava

Uno de los puntos a los que más importancia le da Bernardo, sommelier, es que quieren que sus clientes nunca se aburran y continuamente descubran algo nuevo. Por eso, aquí no hay una carta fija, si no que cada semana ellos buscan nuevos productores de vinos naturales y traen a Huertas nuevas referencias tanto de blancos como de tintos. Y es que, igual que su carta muta continuamente, así lo hace este local en el que SIEMPRE pasan cosas divertidas. Así que ahora sí, ¡sígueme, sígueme!

LA SANTORÍA, EL ALTAR PAGANO A LA COCTELERÍA DE AUTOR

Una vez que hemos disfrutado de este aperitivo tardío, toca deslizar la cortina de terciopelo y adentrarse en La Santoría. Una vez aquí, algo ocurre con un primer vistazo: recibimos tantos y tan interesantes estímulos visuales que solo podemos deambular con la mirada por todas sus paredes y dejarnos deleitar por su decoración. Y es que este espacio pretende ser una exaltación de esa santería latina que tanto se exporta a Europa; eso sí, vista con gracia y con sobrado arte. Así concibieron desde el principio este negocio Bernardo y Mariano. Ellos se conocieron trabajando en un bar de Buenos Aires y de ahí su pasión y buen hacer en el mundo de la mixología.

Antes de pasar a probar sus creaciones, detengámonos a examinarlo todo. Aquí se cuentan por centenares las estampitas de santos que los colegas de los propietarios han traído desde el otro lado del charco. Hay también lugar para los santos paganos, como el altar a Gauchito Gil -un santo profano venerado en Argentina-, que se sitúa al fondo del local y que es, sin duda, una de las partes más instagrameables del mismo. Tampoco faltan aquí dioses ancestrales, como las figuritas de Changó o Yemanyá, la precursora de la cristiana Santa Rita. Y así, un buen número de santos (y no tan santos) y figuras customizadas en clave kitsch nos observan mientras nos deleitamos con los tragos que nos sirven en esta barra.

SIGUEME SIGUEME cocteleria

Tal y como señala Mariano, las religiones son fusiones y, sí, aquí de buenos mixes saben mucho. Su carta se compone de cócteles de autor y, como ellos mismos dicen, ‘los combinados de La Santoría son otro mambo’. Se han ideado acorde a la idea que rige el resto del local. Así, han creado una carta en la que cada una de sus elaboraciones sirve justamente para sanar un mal o superar un obstáculo. De hecho, bajo el sobrenombre de ‘Hechizos de amor’ se despliegan estos combinados entre los que destacan el Agua de Florida, un limpiador espiritual, a base de gin, vermut y flores y con un sabor dulce que conquistará a los más golosos. Y de un ‘hechizo básico’, pasamos a uno más complejo: el Amansa guape es un cóctel pensado para amansar a la persona amada y rebelde y se prepara a base de vodka, miel, lima y cava.

Si se es «intensito», al menos en lo que a sabores se refiere, los chicos recomiendan tomarse un Vence todo, a base de tequila, mezcal, lima y pandam. Nada que ver con este, pero muy gustoso y todo un espectáculo para los sentidos, es el Abre caminos, que mezcla vodka, frutos rojos, jengibre, lima y miel y que, como su nombre indica, nos hará encontrar nuevas oportunidades. Uno sencillo, pero que todo lo puede, es el de los Siete poderes, con gin, mate y tónica que se acompaña con una estampita de Maradona para que no olvidemos que la esencia es Argentina y que aquí los santos paganos están a la orden del día.

Los chicos de La Santoría nos cuentan que quieren que sus clientes se sienten en la barra y les cuenten sus vidas, que encuentren a alguien que les escuche y que todo sea divertido. Y es que ellos creen que un altar a la santería puede ser un gran lugar para desacralizar la coctelería. Desde luego que sí.

EL IMPRESCINDIBLE es que pruebes alguno de los cócteles de autor. ¿Nuestra recomendación? Atrévete con aquel que sirva para solucionar el obstáculo que hayas encontrado en tu vida. ¿Por qué no intentarlo?.

FÍJATE EN… toda la decoración de La Santoría merece detenerse. Una de las piezas más especiales es un Jesucristo customizado que, en lugar de dos manos tiene tres y está pintado con colores flúor.

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‘Baton Rouge’, una coctelería con sabor a Nueva Orleans

Si algo caracteriza a los bares de cualquier parte de los Estados Unidos es que son lugares de encuentro donde la gente no solo va a beber, sino también a charlar. Esta atmósfera acogedora y cercana, así como la pasión por las bebidas, es lo que ha llevado al equipo de Baton Rouge a abrir las puertas de esta coctelería en Madrid. Situada en el céntrico barrio de Huertas, toma su nombre de la capital de Louisiana. Tiene lógica pues este cocktail bar, que también cuenta con varias opciones de picoteo, se inspira directamente en lo que al otro lado del Atlántico conocen como ‘the local’: ese bar de toda la vida en el que la gente del barrio se mezcla con foráneos y amantes de los buenos tragos.

La decoración del local remite a la era poscolonial de Nueva Orleans, con tonos rojos y negros, madera oscura y ladrillo visto. Dividido en dos plantas, Baton Rouge ofrece al visitante un espacio agradable que invita a la conversación, ya sea alrededor de la barra o, si se busca un ambiente más íntimo, en algunas de sus mesas o sofás. Todo ello aderezado con música swing y jazz, y el mejor funk de los 60 y 70. Porque En Baton Rouge todo está pensado al detalle.

Si de algo puede presumir este rincón madrileño es de su carta de cócteles. Un total de una treintena de opciones elaboradas por el fundador del proyecto, Diego González, ex head bartender de Tatel de Madrid y curtido en locales del Soho londinense y Nueva York -ciudades en las que aprendió de los mejores del mundo, llegando a ser nominado como mejor barman de Reino Unido en 2000 y 2002-. Un bagaje cosmopolita que ha contribuido a la manera en la que hoy se expresa a través de sus mezclas, muchas de ellas elaboradas por ellos mismos en la trastienda del local. Al final, Baton Rouge consigue ofrecer amplio registro de sabores para poder llegar a todos los públicos; con combinados en los que priman -según elijamos- los amargos, ahumados, cítricos, picantes, florales, afrutados o los tropicales, pero redondeando el conjunto con un admirable equilibro en muchas ocasiones difícil de encontrar.

Baton Rouge, una coctelería con sabor a Nueva Orleans

La carta, además, se estructura en capítulos, como si de un libro se tratara, que versan sobre los tres estilos artísticos que han inspirado el proceso de creación: Pop ArtClasicismo, y Surrealismo. Y no hablamos únicamente de cómo se ensamblan los ingredientes, el arte se manifiesta también en la estética y en las vasijas y vasos en que estos se brindan al público. Como sucede con el Voynich´s Mangoscript, un cóctel que se inspira en el manuscrito de Voynich, y que mezcla ron macerado en té y cardamomo, cordial de mango, amontillado y curry en un vaso de madera que llega acompañado del manuscrito atado y una oblea en forma de pluma. Otra presentación que sorprende es la del del Hide & Seek, incluido también en el capítulo Surrealismo, y que combina tequila, chartreuse amarillo, jalapeños y lima en una taza donde un camaleón ejerce como asa; por si fuera poco, la mezcla aparece combinada con una fruta de la pasión flambeada.

Para hacérnoslo más fácil, todo viene correspondientemente detallado en la carta, mediante ilustraciones e iconos referentes al tipo de vaso en que se sirve, si está agitado o construido en vaso, qué tipo de sabores se experimentan (cítrico, amargo, floral) y hasta el público al que se dirigen. Desde los aventureros dispuestos a cruzar fronteras a aquellos que tienen una mente abierta, que buscan cócteles modernos; estos, sin duda, serán los que mejor aprecien los matices del Lost Love, uno de sus combinados estrella, elaborado con Campari, Ron, Fruta de la pasión, flor de cerezo y lima; realmente original.

APERITIVOS Y PICOTEO 

Pero no queda ahí la cosa. Además de una decena de (apetecibles) cócteles sin alcohol, la carta incluye también un capítulo denominado ‘Aperitivos y Baja Graduación’ con tragos algo más ligeros de alcohol, refrescantes y un poco amargos, que son idóneos para abrir el apetito. Incluso una lista de boilermakers para los que gustan de combinar cerveza con shots de distintos destilados mientras se disfruta de una buena conversación.

Y ojo, porque si el hambre llama, podemos acompañar nuestro combinado con diferentes platillos de finger food como Croquetas (Idiazábal, chipirón y setas con trufa), Quesadillas (de pollo y bacon con cheddar) o Tacos de cochinita pibil. Pero si hay un plato por el que debemos alabar también la cocina de Baton Rouge son las Louisiana Wings, unas alitas de pollo al estilo sureño que son realmente adictivas. Algo que sucede también con su hamburguesas, de las más predicadas de la zona, de ahí que Diego decidiera retirarlas de la carta porque era tal la afluencia de público que temía que su espacio se convirtiera en una hamburguesería. Aún así, ha decidido premiar a sus fieles preparando sus célebres burgers una vez al mes, siempre en lunes, a los que ha denominado ‘lunes de la hamburguesa’ y suelen celebrarse la primera semana de cada mes.   

Se agradece, por tanto, que además de dominar las artes de la gastronomía líquida, también lo haga con la física, así ayudan a que podamos salir de Baton Rouge andando en línea recta.

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‘Bar Tropicalista’, cócteles y picoteo brasileiro en Malasaña

Más allá de ese Carnaval que desata nuestras ganas locas de salir a la calle y movernos al ritmo de la samba, Brasil es un país desconocido para muchos de nosotros. Por eso nos alegra conocer la existencia de un local 100% brasileiro en pleno centro de Madrid. Se trata de Bar Tropicalista, que aterriza en la calle Ballesta y nos trae cócteles de autor y una carta de comida que lo mismo tiene petiscos (entrantes típicos) como hamburguesas hechas con picanha (corte brasileño), y que son el best seller del local.

Nos recibe música brasileña y eso ya nos hace entrar en el mood que requiere Bar Tropicalista: relajado y con un puntito urbano y pícaro. Y es que en este local de estilo industrial y cierto toque underground propio de los locales de moda de Sao Paulo, uno puede venir tanto a tomar unas cerveza con los amigos como a cenar en pareja, y sobre todo, a tomarse uno (al menos) de sus cócteles y empezar así una velada con muy buen sabor de boca.

Bar Tropicalista, cócteles y picoteo brasileiro en Malasaña

Detrás de este proyecto están, cómo no, tres brasileños. Alexandre Pacheco, Ramón Porteiro y Diego Kaupp tienen su origen en la capital del país latino pero se conocieron en Los Angeles. Ahí comenzaron a pensar en un proyecto común y acabaron montando este rincón de Malasaña. Respecto al nombre, nos cuentan que viene del Tropicalismo o Tropicália, un movimiento contracultural brasileño surgido a mediados de los 60 y que tuvo especial relevancia en la escena musical, con una fusión -hasta entonces inédita- de la bossa nova, el rock ‘n roll, la psicodelia, la música tradicional de Bahía y el fado portugués; de hecho, su máximo exponente fue el cantante y compositor Caetano Veloso. La terminación-ista en el nombre es una referencia a los paulistas, denominación que se da a los habitantes de Sao Paulo y, por ende, a los socios de este bar.

COCTELERÍA DE AUTOR Y HAMBURGUESAS DE PICANHA

Como decíamos, uno de los puntos fuertes de este local malasañero es su coctelería y así nos lo hace ver la barra que se levanta imponente ante nosotros, con la cachaça como principal reclamo visual, nada más entrar por la puerta. Después, si le echamos un vistazo a su carta líquida nos damos cuenta de que el abanico de posibilidades es bien amplio y juega a reinventar los clásicos. Aquí se puede pedir, por ejemplo, un mojito al uso, pero mucho más recomendable es decantarse por un Mojitalista, que añade a la receta original la cachaça y cerveza, con un resultado que sorprende.

También le dan una vuelta al Clover -aquí Cloverlista– aunque su presentación elegantona se mantiene y convencerá a los que disfrutan del gin. Para los que busquen un sabor intenso pero baja graduación alcohólica está el Caetano elaborado con jengibre, Sherbet de limón, cordial de manzana y tónica. Y sí o sí, para quien además de un buen cóctel quiera un espectáculo visual, la Sexy Colada es la reina absoluta del Bar Tropicalista. Se prepara con ron añejo, coco, jengibre, cacao, leche de almendras y zumo de piñas. ¿Y lo mejor? Llega a la mesa con una buena porción de algodón de azúcar. Tanta variedad y calidad en su carta líquida tiene mucho sentido y es que ha sido diseñada por José Antonio Guío, un importante barman conocido a nivel mundial y galardonado en diversos certámenes de mixología.

Bar Tropicalista, cócteles y picoteo brasileiro en Malasaña

Para acompañar la sección de coctelería, toca hincarle el diente a alguna de las propuestas de picoteo de esta ‘selva de cemento’ -en palabras de sus propietarios- que es Bar Tropicalista. Aquí, nada mejor que meterse de lleno en el rollito brasileiro con su Petisco Paulista, una degustación de aperitivos típicos de la cocina carioca. En esta selección encontramos las Coxinhas, unas croquetas de masa de patata rellena de pollo especiado y bechamel; los Kibes, albóndigas de ternera, trigo, bulgur integral y un toque de hierbabuena y, por último, los Risolis que son empanadillas de masa de trigo rellena de queso, tomate y orégano. Todos ellos se acompañan con diversas salsas, de esas que provocan la curiosidad del comensal.

Y ahora sí, el plato fuerte llega a las mesas -altas o bajas- del bar en forma de (super)hamburguesa y, claro, no olvidemos que estamos en un pedacito de Brasil en Madrid. Aquí la carne de las hamburguesas es, como no podía ser otra forma, picanha. Para un carnívoro empedernido -y para quien no lo sea también- la calidad de la carne será evidente desde el primer mordisco: bien sabrosa, jugosa y con el toque de la brasa. Nos quedamos con la Tropicalista que, además de la carnaza premium, tiene queso azul, mermelada casera y rúcula. Se acompaña con patatas fritas de estilo rústico y, a poder ser, se recomienda consumir con un cóctel al lado. Porque así es la experiencia Tropicalista: que aquí no falte de nada.

EL IMPRESCINDIBLE es que te pidas alguno de sus cócteles más especiales como, por ejemplo, el Sexy Colada y, por supuesto, lo acompañes de una burger. ¡La carne es increíble!

FÍJATE EN… Las fotos que decoran las paredes son de una fotógrafa amiga de los propietarios, Daniela Burzuini, y retratan la vida de los suburbios de Sao Paulo.

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‘Sunset Lookers’, un oasis en la Gran Vía

Marta Ruiz Pérez

Cuesta creer que Madrid esconda sitios como este, auténtico remanso de paz en pleno corazón de la ciudad. Estamos en Sunset Lookers, la azotea del Hotel Santo Domingo situada en la séptima planta del edificio. Un hotel de cuatro estrellas ubicado en la plaza del mismo nombre, aunque la agitación de la Gran Vía, Preciados o San Bernardo poco –o nada- tiene que ver con el ambiente que allí se respira.

Música chill out, dos alturas (sofás blancos y mesas bajas en la primera; veladores y taburetes en la superior) y vistas 360º sobre el Palacio Real y los tejados del Madrid de los Austrias. Pero sobre todo, la piscina que, como viene siendo habitual en estos privilegiados rooftops, solo está abierta durante el día para el disfrute de los clientes del hotel. La diferencia en este caso radica en que, al caer la tarde, una estructura abatible de metacrilato (que por la mañana actúa como techo) desciende sobre el agua cubriendo toda la superficie de la piscina para poder caminar sobre ella. Así que, inevitablemente, sigue acaparando todo el protagonismo a cualquier hora del día.

SUNSET LOOKERS azotea junto a la Gran Vía con las mejores vistas

El mejor momento para dejarse caer por allí es a partir de las 20h, para disfrutar del atardecer, uno de los más increíbles de la capital, con el sol poniéndose por la Casa de Campo y justo delante del jardín vertical del hotel, el más grande del mundo con cientos de especies vegetales distintas y una enorme cascada que desciende por sus 70 metros de altura. Cual jardín de Babilonia, es difícil imaginar que estemos en pleno centro de la ciudad.

Hasta que cae la noche y se encienden las luces. Es el momento de acercarse a la barra y pedir otra copa. Un cava para los más clásicos o uno de los combinados que incluye su larga carta de cócteles. Las posibilidades son muchas, desde un gintonic de los de siempre hasta el finalista regional en el World Class 2016, el Cocoa, una sugerente combinación de whisky, coco, leche y sirope al que muy pocos se resisten. A tener muy en cuenta también uno de sus best-seller, el Pure Garden, un cóctel afrutado, floral y equilibrado -muy solicitado por el público femenino-, con ginebra, frambuesas, menta y miel de agave.

Y si aparcar el coche en el centro pudiera suponer un inconveniente, no está de más saber que el hotel dispone de un parking subterráneo decorado, además, con graffittis y murales de arte urbano. No hay excusas para disfrutar de los espectaculares atardeceres que brinda la capital en verano.

*Fotos: Alfonso Ondarroa

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‘Tempo II’, un mítico all day all night en Malasaña

A la velocidad supersónica que van las aperturas y cierres de Madrid, que un local como el Tempo II permanezca más de treinta años abierto es para sentirse orgulloso. Por mucho que la tendencia dé para llevarse las manos a la cabeza. Más si se ubica en una zona tan sensible como es la de San Bernardo esquina con Palma, uno de los epicentros de la gentrificación en Malasaña. Algo que, de alguna manera, le ha ayudado también a ser valorado. ‘La gente viene porque la tratamos bien y cada vez quedan menos sitios de este tipo en Madrid’, explica Pepe, uno de los dueños y camareros de este particular templo malasañero.

Lo primero que llama la atención desde fuera es un luminoso que indica lo que nos vamos a encontrar: Pub Irlandés Tempo II. Su interior, forrado de espejos, madera y sofás, ayuda a situar el año en que fue creado. ‘El bar lo abrimos un 13 de enero de 1989’, continúa Pepe, quien antes de montar esta whiskería, como también se califican, llegó a tener una cafetería en la calle Santiago. Para fundar este negocio uniría esfuerzos con Martín, la otra cara visible tras el mostrador. ‘Nosotros cuando entramos hicimos una pequeña reforma, bajamos las luces y le dimos el aspecto de pub que tiene ahora’. Pepe y Martín, de 57 y 65 años respectivamente, le han imprimido historia y personalidad a uno de los locales más originales del centro.

TEMPO II Local de día desayunos Malasaña

– ¿Por qué Tempo II?


– Unos amigos tenían otro establecimiento llamado Tempo y pensamos que podía ser una buena forma de hacernos publicidad

– ¿Y la estatua griega que hay en el interior y que forma parte de la imagen del pub?


– Nos comentaron que estaría bien tener un logotipo para que la gente lo retuviera mejor. No tiene mucha más historia.

En estas tres décadas, el Tempo II ha vivido todo tipo de percances, pero siempre manteniendo un horario continuado, lo que le ha permitido convertirse en una especie de oasis nocturno y también diurno. ‘Lo que nos hace especiales es que de lunes a sábado siempre estamos abiertos entre las ocho de la mañana y las dos de la noche. Hay muchos sitios que abren y cierran cuando quieren, pero nosotros tenemos un horario estable’, apunta Pepe, habitual en la barra junto a otro camarero durante el turno de mañana o de tarde.

Para muchos vecinos del barrio, el Tempo II se ha convertido en un emblema, en algo que da seguridad y estabilidad. ‘Suelo y solía ir a desayunar al Tempo antes de que se convirtiera en un lugar tan concurrido porque el desayuno es bueno y porque son unos profesionales’, confiesa Marta, vecina de la zona. Por su dinámica de trabajo, lo hace desde casa, muchos días desayuna en él.

Su tortilla de patata, sus diferentes cafés (jamaicano, vienés o irlandés, entre otros) o una coctelería donde lo mismo te hacen un Coco Loco que un Manhattan o un Gin fizz, son reconocidas en las redes sociales. Pero si por algo se ha hecho un hueco estos años es por su ambiente de fiesta los viernes y sábados. Su aspecto de otra época, entre decadente y rancio, ha conquistado a un número de fieles que lo han convertido en uno de los últimos bastiones del barrio tras el cierre del Palentino. Copas muy baratas, un uso totalmente desenfadado de la música (siempre hay una lista puesta de éxitos de los noventa en el ordenador) y un trato amable han hecho de él una rara avis si hablamos de nocturnidad y crapulismo. Algunos lo ven como el Toni2 de la generación millennial

TEMPO II noche mesas Malasaña

Pero no siempre fue así. Pepe recuerda cómo durante los noventa el horario que podían tener se alargaba sin problemas hasta las siete de la mañana, casi empalmando con la apertura. Aunque nunca llegó a tener los llenos constantes que se viven actualmente. Un punto de inflexión fue la fiesta Nuevo Anochecer, coordinada originalmente por Manu Bang, Raúl Laynez y Raúl Alonso. ‘Lo que pretendíamos era hacer fiestas a imagen y semejanza de las que se hacían en otros lugares de Europa’, indica Alonso, también detrás de La Fonoteca, una página de difusión musical en español. ‘En Londres, por ejemplo, recuerdo que había colectivos que montaban eventos en pubs tradicionales, boleras o bingos’. Ellos en 2012 van a descubrir este espacio a una nueva modernidad a través de fiestas centradas en géneros como el italo o el dark wave.

‘Primero hablamos con el Prada, pero no se podía poner música. Y luego, gracias a Laynez, que había celebrado un cumpleaños allí, hablamos con el Tempo. Vimos que había un pequeño equipo y que el sitio mantenía su esencia’. Nuevo anochecer se alargaría hasta el 2014, celebrando hasta 24 ediciones. ‘En aquel momento era algo muy fresco’. Su testigo lo recogerán infinidad de colectivos y particulares que han continuado hasta fecha muy reciente. ‘No tenía un discurso musical especialmente serio, pero muchos de los que íbamos, conseguimos crear una verdadera comunidad. Generé una familia nocturna muy consolidada’, admite Elianne Sastre, miembro de Lince Ibéricas, la plataforma de acción feminista que durante varios meses realizó fiestas allí.

Hoy día, cualquier finde se puede ver en los sofás del pub a miembros de formaciones musicales como Carolina Durante, las Cariño, los Punsetes, Cosmen Adelaida y muchas otras, según señala el escritor Enrique Rey en un artículo reciente para El Confidencial. Pepe concluye: ‘A mí me encantaría poder hacer más eventos, pero el Ayuntamiento me limita mucho el sonido’. Algo que no impide que todos los fines de semana siga de bote en bote y teniendo que echar al personal, micrófono en mano, a la voz de ‘esto está cerrado ya’.

TEMPO II noche gente Malasaña

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El rooftop del hotel Aloft Madrid Gran Vía tiene las mejores vistas del verano

Los que adoramos las vistas de Madrid desde una buena azotea estamos de enhorabuena. Un nuevo hotel acaba de abrir sus puertas en la zona de Callao y sí, tiene vistazas del skyline madrileño desde un rooftop que invita a alargar las tardes de verano. Se trata del Aloft Madrid Gran Vía, un hotel perteneciente a la Cadena Marriott International, que acaba de abrir sus puertas en pleno centro de la capital para absoluto disfrute de madrileños y turistas. Porque sí, su azotea y esas vistas están al alcance de todos. ¿Quieres más motivos para elevarte a las alturas con un cóctel en mano?

En la calle Jacometrezo se levanta este imponente edificio, cuya recepción se asienta en la tercera planta donde, tan solo con el primer golpe de vista ya podemos intuir las tendencias que nos vamos a encontrar en este moderno alojamiento. La recepción se funde con el espacio Re:mixSM lounge que incita a charlar, jugar al futbolín, trabajar en un clima agradable o, incluso, desayunar o picar algo a lo largo el día. Y para no pecar demasiado en verano en la planta más baja está, por cierto, el gimnasio Re:chargeSM GYM para clientes.

Todo ello mantiene una estética común. Colores llamativos y una temática que después vamos a continuar viendo en el resto de sus espacios: Madrid Through Glitch. Y es que este efecto visual se basa en la distorsión digital de los edificios más míticos de la ciudad. Una imagen moderna y potente que se repite tanto en el glitch hall a pie de calle como en cada una de las 139 habitaciones del hotel que, conforme ascendemos, nos van ofreciendo un aperitivo de las súper vistas que nos depara la última planta rooftop del Aloft Madrid Gran Vía. Y al llegar arriba, sí, lo hacemos con la boca abierta.

El rooftop con las mejores vistas del verano en el nuevo hotel Aloft Madrid Gran Vía

ROOFTOP CON BAR Y PISCINA

En este nuevo hotel han sabido captar perfectamente lo que nos conquista del verano. Súper vistas del centro de la capital, con sus tan castizos tejados bajos y, girando la mirada, una panorámica espectacular del Madrid de los Austrias. Todo ello, cómo no, aderezado con un bar/restaurante, el W XYZ® Bar, en el que se pueden degustar unos cuantos snacks de corte mediterráneo a precios muy razonables. Son, sin duda, otros de los grandes atractivos de este espacio que –por si no ha quedado suficientemente claro- no es un lugar exclusivo para unos pocos privilegiados. Así que, una vez subamos a la décimo primera planta, tendremos que elegir ubicación para disfrutar de las increíbles vistas (hay diferentes veladores con taburetes, sillas y sofás en la dos alturas en que se estructura la terraza) que nos brinda este privilegiado mirador.

Para picar, en la carta encontramos desde la clásica ración de croquetas a, en un modo algo más light, la ensalada de tomates mediterráneos que funciona muy bien como aperitivo. Los principales también son sencillos y sobre todo, pensados para comer sin complicaciones. Destacan su sándwich de pollo, aguacate y tomate, fresquito e ideal para afrontar una velada estival o, para quien busque algo más contundente, la hamburguesa Aloft.

El rooftop con las mejores vistas del verano en el nuevo hotel Aloft Madrid Gran Vía

Para acompañar la comida, no faltan las cervezas, vinos o refrescos pero, sin duda, lo más apetecible (además de fotografiable) son sus cócteles. Todos ellos son recetas de autor y hay destilados para todos los gustos. Llama la atención el Self Express con Mezcal, puré de mango picante agave y cítricos, un imprescindible si buscas emociones fuertes y, más dulce, el Hit the beet con Bourbon, campari, zumo de remolacha, agua de coco y almendras.

Aunque solo van a poder darse un baño los clientes del hotel, cabe destacar también su piscina Splash Pool, ubicada en uno de los laterales del rooftop y con un mosaico en su fondo que, ¿recuerdas lo que habíamos dicho del motivo glitch? Aquí también está. Y, aunque la distorsión juega un papel fundamental en la estética de este nuevo imprescindible veraniego, una vez arriba vemos más que clara la posibilidad de volver a visitarlo más de una vez.

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‘Terraza Atenas’, un hit del verano madrileño

Reserva este local

No hay mejor momento que la época estival para aprovechar las opciones de ocio al aire libre que nos brinda Madrid, como el magnífico Parque de Atenas y sus maravillosas vistas a la Catedral de la Almudena. Si a eso le sumamos un lounge bar en el que reunirnos con amigos para disfrutar de una caña o un cóctel cuando el calor aprieta, el plan se vuelve redondo.

La Terraza Atenas, situada junto a la Cuesta de la Vega y a solo unos pasos del Palacio Real, es uno de esos paraísos urbanos que permiten por unos instantes desconectar del bullicio y del ruido capitalino sin abandonar el centro de la ciudad. Rodeado de árboles y vegetación y con un look muy actual, esta mítica terraza vuelve a acaparar -verano tras verano- la atención de madrileños y visitantes gracias al buen rollo y la atmósfera relajada que se respira en sus instalaciones.

TERRAZA ATENAS Batido de pina y coco y mojito

Esta temporada, además, el quiosco estrena una construcción a modo de anfiteatro (sus dueños tomaron la inspiración de un local de Miami) que contribuye al lado desenfadado del local, en el que los clientes pueden distribuirse a su antojo entre sus diferentes niveles. Y ojo, porque, además de los nebulizadores colocados estratégicamente a lo largo y ancho de la terraza -garantía de verdaderos momentos de frescor aún cuando el termómetro se dispara-, la nueva estructura cuenta con pequeñas piscinas en las que uno puede sumergir los pies mientras se toma su gin tonic. Todo ello acompañado de sesiones en vivo de música house y chill out (todas las tardes y noches de miércoles a domingo).

En su carta de bebidas encontramos desde vermú de grifocócteles clásicos como el Pisco sour, el Aperol Spritz, la Caipirinha o el Mojito hasta varias marcas de champán (Moët & Chandon, Perrier-Jouët) y opciones sin alcohol como granizados o limonada casera. Además, los amantes del omnipresente gin tonic están de enhorabuena, porque La Terraza Atenas pone a su disposición más de 20 referencias, todas ellas servidas con tónica premium.

Y por si el hambre llama a la puerta, también tienen una carta de aperitivos y tapas con propuestas para todos los gustos como Hummus servido con pan árabe caliente, Nachos con guacamole, Foie mi-cuit con tostas de frutos rojos, Carpaccio de buey, Quesadillas y Calzones o Tabla de quesos. En definitiva, un ejemplo de que el verano madrileño también puede dar mucho de sí.

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